Arkhé

Arkhé retoma la pregunta que los primeros filósofos griegos formularon frente al mundo: ¿cuál es el principio (arkhé) del que procede todo lo existente?

La propuesta se sitúa en ese umbral, en el Arkhé como el inicio y en la Physis como su consecuencia, entendiendo a este último concepto como el orden geométrico de la materia y la conexión vibracional que enlaza a todas las cosas. Sobre esta base se despliega la investigación sobre la cosmovisión: la manera en que distintas culturas han nombrado, ordenado y sacralizado el origen del cosmos.

Exposiciones Resultantes de esta investigación:

ANTECEDENTES

Pitágoras y su escuela ofrecen lo siguiente: la idea de que el número y la proporción armónica son la estructura última de lo real, y que el universo es, ante todo, un orden audible, un kósmos que vibra. Platón afirma: “el mundo sensible es copia imperfecta de un orden ideal preexistente” —una distinción entre lo manifiesto y su fundamento invisible que atraviesa buena parte del pensamiento místico posterior y que en Arkhé se traduce en la tensión entre el objeto/gesto artístico y el principio simbólico que lo origina.

El linaje hermético: de Paracelso a Steiner

Sobre esa base clásica, el proyecto se apoya en la tradición hermética y alquímica europea, que entendió el cosmos como un organismo vivo regido por correspondencias entre el macrocosmos y el microcosmos. Paracelso propuso que el cuerpo humano y la naturaleza comparten una misma arquitectura simbólica —doctrina de las signaturas mediante la cual cada forma natural revela su función y su afinidad oculta—, idea que en Arkhé orienta la lectura de objetos y territorios como portadores de un lenguaje propio que puede ser interpretado.

Robert Fludd y Heinrich Khunrath, figuras centrales del hermetismo renacentista, desarrollaron sistemas visuales —diagramas cosmológicos, teatros de la memoria, alegorías del anfiteatro del conocimiento eterno— que representan el proceso de emanación de lo divino hacia la materia. Esa voluntad de traducir lo invisible en imagen es un antecedente directo del uso que Arkhé hace del dibujo, el collage y la intervención como dispositivos de representación simbólica. Michael Maier, con su articulación de la alquimia como proceso iniciático de transformación progresiva (la sucesión de las fases nigredo, albedo, rubedo), y Basilio Valentín, con su sistematización de la obra alquímica como itinerario espiritual, aportan al proyecto la lógica del proceso: la obra no es un objeto acabado sino una etapa dentro de una transmutación continua, del mismo modo en que el viaje y el estudio del territorio son, para esta investigación, un procedimiento iniciático más que un punto de llegada.

A este linaje se suma la relectura moderna del esoterismo occidental que realizan Helena Blavatsky y Rudolf Steiner. Blavatsky, a través de la síntesis teosófica, propuso una doctrina secreta común a todas las tradiciones espirituales de la humanidad, sentando las bases de una lectura comparada de las cosmovisiones que Arkhé retoma explícitamente. Steiner, desarrolló la antroposofía como una vía de conocimiento suprasensible que integra ciencia, arte y espiritualidad; su insistencia en que la percepción estética puede ser también una forma de cognición de lo espiritual legitima el gesto artístico como herramienta de conocimiento y no solo de representación.

Cosmovisiones: relatos del origen y el orden del mundo

Toda cosmovisión articula un relato de origen —una matriz primordial— del cual se desprenden el orden cósmico, los ritos y las celebraciones que vinculan a cada cultura con lo sagrado. Arkhé propone un ejercicio comparado de estos relatos, no para homologarlos, sino para evidenciar la recurrencia de una misma pregunta formulada en lenguajes distintos.

  1. Tradiciones orientales y místicas. El Tao del taoísmo chino nombra el Camino inefable y sin forma que precede al cielo y la tierra, matriz del Yin y el Yang y, a través de ellos, de las “diez mil cosas”. El Brahman del hinduismo es la realidad última y la conciencia cósmica que sostiene el universo, del cual el mundo material es apenas manifestación o reflejo (Maya). La Śūnyatā budista es el potencial ilimitado en el que nada posee existencia separada, sino que todo se interconecta en una matriz original. El Adi-Buddha o Samantabhadra del budismo tibetano mahayana representa, a su vez, la budeidad primordial, la conciencia sin principio ni fin del origen cósmico.

  2. Tradiciones de Oriente Medio y Occidente. El Ayn Sof de la cábala judía nombra lo Infinito, la deidad antes de manifestarse, el vacío sagrado previo a la creación del Árbol de la Vida. El Uno del neoplatonismo de Plotino es el principio supremo, simple e inefable, del cual emana toda la realidad por puro desbordamiento de su perfección. El Caos de la mitología griega antigua es el vacío primordial y el estado de confusión anterior al Cosmos y al nacimiento de los primeros dioses elementales, como Gea. El Logos de Heráclito y de la filosofía estoica es la razón universal, la ley cósmica que ordena y da origen a la estructura armónica de la materia. El Motor Inmóvil de Aristóteles, finalmente, es la causa primera de todo movimiento y existencia, aquello que mueve sin ser movido.

  3. Cosmovisiones indígenas y americanas. Illa Tecsi Viracocha, en la cosmovisión andina, nombra el vacio y también la Luz Primordial o el Fundamento Cósmico del que emana el Kawsay, la energía viviente de todo el cosmos. Ometeotl, en la cosmovisión mexica, es el dios de la dualidad primordial —Ometecuhtli y Omecihuatl—, principio generador masculino y femenino que reside en el Omeyocan, el más alto de los cielos, donde se origina toda creación. Hunab Ku, en la cosmovisión maya, es “el único dador de movimiento y medida”, el corazón cósmico invisible del que nacen la mente, la materia y los ciclos del tiempo. Gitchi Manitou, entre los pueblos algonquinos de Norteamérica, es el Gran Espíritu o el Gran Misterio, fuerza vital omnipresente que infunde vida a animales, plantas, rocas y estrellas.

  4. Tradiciones nórdicas y africanas. Ginnungagap, en la mitología nórdica, es el Abismo Insondable, el vacío mágico entre el reino del hielo (Niflheim) y el reino del fuego (Muspelheim) que precede al Árbol del Mundo, Yggdrasil. Olodumare u Olorun, en la tradición yoruba, es la fuente suprema de la energía vital (Ashe), creador abstracto que delega el moldeado de la Tierra a los Orishas. Amma, en la mitología del pueblo dogón, es el huevo cósmico o la matriz divina original que contenía todas las semillas de la existencia antes de abrirse para dar forma al espacio y al tiempo.

  5. La perspectiva de la ciencia moderna. La astrofísica contemporánea ofrece su propio relato de origen: la singularidad espaciotemporal, el punto de densidad y gravedad infinitas, menor que un átomo, en el instante cero anterior al Big Bang, del cual surgen el espacio, el tiempo y toda la materia y energía del universo físico actual. Lejos de oponerse a los relatos anteriores, esta perspectiva se integra en Arkhé como una cosmovisión más, la del pensamiento científico, que formula en clave matemática la misma pregunta por el principio innombrable de todas las cosas.

De cada matriz primordial se desprenden, además, ritos y celebraciones que actualizan el vínculo entre la cultura y lo sagrado: la cosmovisión cristiana destaca ritos como la oración o la eucaristía junto a celebraciones como la Navidad; la cosmovisión pagana, de raíz nórdica y celta, celebra el Yule a través de ritos como el blót o la quema del tronco sagrado; en la cosmovisión andina, la celebración de la yunza se complementa con el rito del pago a la tierra; y los signos zodiacales se enmarcan en la cosmovisión astrológica y esotérica —entramado sincrético heredado de Mesopotamia, el Egipto helenístico y la Grecia antigua— cuyos ritos principales residen en el levantamiento e interpretación de la carta astral y la alineación con los tránsitos celestes.

Perú como campo de investigación situada

Estos estudios teóricos se desarrollan actualmente en Perú, territorio que Arkhé aborda como campo de investigación situada. La pluriculturalidad peruana y la persistencia de conocimientos ancestrales ofrecen al proyecto un laboratorio vivo donde las cosmovisiones descritas —en particular la andina— son objeto de estudio y experiencia directa del territorio: sus paisajes, sus prácticas rituales y sus comunidades permiten verificar, en el terreno, la hipótesis central del proyecto: que toda cultura elabora, a su manera, una respuesta simbólica a la pregunta por el arkhé.

El proceso creativo como método de interpretación

Arkhé despliega un conjunto de recursos —el dibujo como apunte, la performance, el tejido, el collage, la fotografía y la intervención— que funcionan como procedimientos de traducción entre el principio invisible y su manifestación sensible, en la misma lógica que Fludd y Khunrath emplearon el diagrama y la alegoría visual para representar el orden cósmico. El dibujo de apunte registra el encuentro inmediato con el territorio; el tejido y el collage reconstruyen, por acumulación y trama, la estructura relacional de las cosmovisiones estudiadas; la performance y la intervención actualizan el gesto ritual como forma de conocimiento corporal del espacio; la fotografía, finalmente, fija el instante en que lo simbólico se hace visible en un lugar, un objeto, un ser o una situación concretos.

Arkhé propone, en suma, una cosmovisión propia construida desde la gnosis en donde se junta la filosofía griega, el hermetismo renacentista, la teosofía y la antroposofía modernas, y las cosmovisiones ancestrales y contemporáneas del mundo, con el territorio peruano como espacio de verificación sensible de esa pregunta común: ¿cuál es el principio del que procede todo lo que existe?

Primeros Dibujos

El bosque y un árbol cósmico
Tierra viviente
La vibración de la naturaleza
Árbol de la vida
Ser y naturaleza
La creación
La creación y su vibración.
La vibración de la naturaleza
La vibración del bosque
El uno
La vibración de los apus